| "EL"bus (©Elena Castillo) |
Siempre amanece pronto en Katmandú. No quiere esto decir que en ese momento ya haya salido el Sol, no, eso ya vendrá más tarde. La oscuridad no es impedimento para que las calles de la ciudad se pueblen de gente por todas partes, yendo de acá para allá, corriendo apresuradamente, gritándose unos a otros, moviendo mercancías, cajas, bultos o sacos. Los nepalíes, al igual que sus vecinos indios, hablan a grito pelado. En una palabra, antes de las 6 de la mañana, la ciudad ya está enloquecida por completo y una maraña de coches, camiones, motos, bicicletas, rickshaws, autobuses y gente recorre las calles entre tinieblas y a golpe de claxon, con la escasa luz que a esas horas proporcionan velas, candiles y fogatas que se comienzan a hacer para calentarse, en plena calle. También para reunirse, saludarse (Namasteee), preparar un té (un chai) y comenzar un nuevo día.