Mae
Sai es la ciudad más al norte de Tailandia. Bueno, más que ciudad diría que es
el último conglomerado habitado antes de llegar a Birmania. En realidad,
ciudad, lo que se dice ciudad en el sentido en el que lo entendemos nosotros los occidentales, no se
parece mucho a una. Vamos a dejarlo en núcleo de civilización, y así, no
hacemos daño a nadie...
Mae
Sai tiene mucho más que contar de lo que pudiera parecer de inicio. Al venir de
vacaciones a Tailandia, es fácil pasar por alto las singularidades de los
puestos fronterizos. Cuando uno vive aquí durante temporadas, acaba
inevitablemente teniendo que "vérselas" con la burocracia de un país
asiático y para poder seguir residiendo en el país, ha de realizar ciertos
rituales como el de ir a "fichar" cada cierto tiempo a la frontera.
Salir del país y volver a entrar para renovar el visado es una práctica
habitual. No me preguntéis el por qué, pero es así como funciona.
Bien,
pues Mae Sai es uno de los 3 puntos que Tailandia tiene abiertos con su país
vecino del oeste hoy llamado Myanmar, de toda la vida Birmania. Extraña un poco
que en una línea fronteriza de más de 1.000Km que se extiende desde el
Triángulo de Oro hasta el istmo del Kra, ya bien entrada en la península de
Malaca, estos dos países sólo compartan 3 puestos fronterizos. Razones hay
varias.
Una
de ellas ha sido el tradicional recelo entre ambos, ya que durante siglos
batallaron en el control de muchas zonas territoriales que fueron pasando de
manos; ahora en poder de los reinos thais, luego en manos de los birmanos. Por
otro lado, y ya en el siglo XX, Birmania fue (y ha sido hasta hace muy poco) el
país mas cerrado al exterior junto con Corea del Norte. Durante más de 50 años,
una dictadura militar aisló al país y las sanciones económicas de Occidente
tampoco ayudaron mucho. Birmania, Burma, la "Golden Land", el país
donde no había pobres, donde todo el mundo recibía educación hasta la llegada
del Raj británico, degeneró en un estado arruinado y decrépito gobernado por
oscuros y corruptos generales que se llenaron los bolsillos a costa de la
explotación de sus innumerables recursos naturales (gas, petróleo, piedras preciosas,
madera) y de la más humillante represión de las minorías étnicas de la
periferia del país (los Kachin, Karen, Mon, etc.).
